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martes, 28 de febrero de 2012
Báilame el agua
«Báilame el agua. Úntame
de amor y otras fragancias de tu jardín secreto. Riégame de especias que dejen
mi vida impregnada de tu olor. Sácame de quicio. Llévame a pasear atado con una
correa que apriete demasiado. Hazme sufrir. Aviva las ascuas. Ponme a secar
como un trapo mojado. No desates las cuerdas hasta que sea tarde. Sírveme un
vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni
mía, que sea de todos. Líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Sacrifica tu
aureola. Perdóname. Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora. No me
arrastres. No me asustes. Vete lejos. Pero no sueltes mi mano. Empecemos de
nuevo. Sangra mi labio con sanguijuelas de colores. Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo. Arréglalo y que no vuelva a estropearse. Échalo fuera. Crúzate
conmigo en una autopista a cien por hora. Sueña retorcido. Sueña feliz, que yo
me encargaré de tus enemigos. Dame la llave de tus oídos. Toca mis ojos
abiertos. Nota la textura del calor. Hasta reventar. Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos. Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos. Los lameré hasta que no sepan a miel. Hasta que no dejen de
ser miel. Sal, niega todo y después vuelve. Te invito a un café. Caliente,
claro. Y sin azúcar. Sin aliento».
David Valdés, Báilame el agua, 2000.
lunes, 30 de agosto de 2010
La invitación
«No me interesa saber a que te dedicas. Quiero saber qué es lo que añoras y si te atreves a soñar o alcanzar lo que tu corazón ansía.
No me interesa saber que edad tienes. Quiero saber si te arriesgarás a parecer una loca por amor, por tus sueños, por la aventura de estar viva.
No me interesa saber que planetas están cuadrando tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena. Si has estado abierta a las traiciones de la vida o te has vuelto marchita y cerrada por miedo a más dolor.
Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío, sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía, y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene hasta las puntas de los dedos de tus manos y de los pies, sin advertirnos de ser cuidadosos, ser realistas o recordar las limitaciones de ser humano.
No me interesa si la historia que me estás contando es verdad, quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincera contigo misma, si puedes resistir la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y, por lo tanto, confiable. Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los días feos, y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios. Quiero saber si puedes vivir con fallos, tuyos y míos, y todavía pararte en la orilla del lago y gritar a la luna llena plateada…¡Sí!
No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si te puedes parar después de una noche de pena y desesperación, débil y moreteado hasta los huesos, y hacer lo que necesita estar hecho para los niños.
No me interesa saber quien eres, ni por qué estás aquí. Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte. No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado, quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor.
Quiero saber si puedes estar sola contigo misma y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos de soledad».
Khalil Gibrán, Líbano 1883-1931.
No me interesa saber que edad tienes. Quiero saber si te arriesgarás a parecer una loca por amor, por tus sueños, por la aventura de estar viva.
No me interesa saber que planetas están cuadrando tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena. Si has estado abierta a las traiciones de la vida o te has vuelto marchita y cerrada por miedo a más dolor.
Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío, sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía, y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene hasta las puntas de los dedos de tus manos y de los pies, sin advertirnos de ser cuidadosos, ser realistas o recordar las limitaciones de ser humano.
No me interesa si la historia que me estás contando es verdad, quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincera contigo misma, si puedes resistir la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y, por lo tanto, confiable. Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los días feos, y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios. Quiero saber si puedes vivir con fallos, tuyos y míos, y todavía pararte en la orilla del lago y gritar a la luna llena plateada…¡Sí!
No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si te puedes parar después de una noche de pena y desesperación, débil y moreteado hasta los huesos, y hacer lo que necesita estar hecho para los niños.
No me interesa saber quien eres, ni por qué estás aquí. Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte. No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado, quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor.
Quiero saber si puedes estar sola contigo misma y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos de soledad».
Khalil Gibrán, Líbano 1883-1931.
A la sombra de Lilith
Esta mañana he empezado a leer A la sombra de Lilith, un librito de Carmen Posadas y Sophie Courgeon que, como reza el resumen de su contraportada, me invita a "un fascinante viaje a través de la historia de las mujeres y su lucha por la igualdad". Sus páginas parten del relato hebreo de Lilith, primera esposa de Adán, una historia que subyace en la mayor parte de los libros de ficción que tratan, de un modo u otro, el tema de la igualdad de género como Las nieblas de Avalon (libro que recomiendo porque parte de la leyenda del rey Arturo pero va más allá y centra su argumento en la lucha que mantuvo el recién nacido cristianismo por imponerse al "paganismo" y, aún más, la lucha casi prehistórica de las sociedades matriarcales contra el patriarcado que acabaría por imponerse); El ocho y El círculo mágico, ambos de Katherine Neville e, incluso, El Código Da Vinci que, aunque sea una bazofia literaria, no deja de tener su interés.
A la sombra de Lilith es un libro que, cosas de la vida, compré en Madrid allá por el año 2004 pero que, hasta hoy y pese a que el tema me interesa enormemente, no había empezado. Las primeras páginas ya prometen y le dedicaré un post entero nada más terminarlo pero, hoy, me gustaría dejar un pequeño fragmento de Virginia Wolf (Una habitación propia, 1928) que me parece muy inspirador y que, creo, define un bien entendido feminismo.
"Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿cómo nos las arreglaremos pues con uno solo?".
Otra cosa es que entendamos que diferencia sea sinónimo de desigualdad.
A la sombra de Lilith es un libro que, cosas de la vida, compré en Madrid allá por el año 2004 pero que, hasta hoy y pese a que el tema me interesa enormemente, no había empezado. Las primeras páginas ya prometen y le dedicaré un post entero nada más terminarlo pero, hoy, me gustaría dejar un pequeño fragmento de Virginia Wolf (Una habitación propia, 1928) que me parece muy inspirador y que, creo, define un bien entendido feminismo.
"Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿cómo nos las arreglaremos pues con uno solo?".
Otra cosa es que entendamos que diferencia sea sinónimo de desigualdad.
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