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domingo, 9 de octubre de 2011

Pina: bailando en la dimensión desconocida



 Pina Bausch fue la suma sacerdotisa de la danza. Una figura espectral que sobrevivía a cigarrillos y café y cuya visión penetrante tocó las alturas y los infiernos de la condición humana. Su aura convirtió a la poco llamativa ciudad alemana de Wuppertal en un lugar de peregrinación artística. Bausch cambió el paisaje del arte, lo reinventó, volviéndose ella misma una categoría única de la danza contemporánea. Por eso Pina, la última película de Win Wenders, es en parte un documental y en parte una elegía sobre la legendaria coreógrafa, que murió en 2009.

 La columna vertebral de la película son las performances de los bailarines del Tanztheater Wuppertal, la compañía de danza que Bausch dirigió durante 36 años. Para aquellas personas curiosas, pero un poco cínicas respecto de los verdaderos méritos de la danza contemporánea, introducirse en esta película es algo así como una epifanía. De golpe, se puede ver y entender la combinación de exquisitez técnica, innovación teatral y expresión personal que vuelve la obra de Bausch tan relevante en el siglo XX.

 Como en su documental de 1999 Buena Vista Social Club, Wenders se deja absorber por la creatividad del otro para producir un tributo fantasmal y una evocación surrealista del trabajo de su amiga. Filma coreografías míticas como Café Müller, Vollmond, La consagración de la primavera y Kontakthof y luego sale a las calles de una ciudad áspera reconstruida tras la guerra para registrar pequeños solos.

En el famoso Schwebebahn, un trencito monorrail que va por el aire, sobre una escalera mecánica o dentro de un bosque cubierto de hojarasca los bailarines se mueven con una cualidad plástica solo vista en la pintura. Los cabellos negros de una mujer se zarandean por el espacio como las cerdas de un pincel, otra baila abrazada a un hipopótamo sobre el agua. La visión es onírica, brillante, y muestra cómo el genio de Bausch ha inspirado a todos los que la rodean, incluso al mismo Wenders.

 Pina ha logrado además un matrimonio perfecto. Una fusión fascinante entre la danza y la tecnología. Filmada en 3D, la película revela que este chirimbolo tecnológico puede ser una herramienta genuina para explorar el mundo. Por primera vez, el efecto óptico aparece despojado de la pátina de divertimento barato y sensacionalista con la que Hollywood lo ha bañado. En Pina el truco visual está a disposición de una visión profunda: la tecnología, utilizada sin cinismos y con mesura, les da peso, volumen y presencia a los bailarines. De repente, el 3D se siente humano. Para que el 3D cobre vuelo, se necesita movimiento, por eso la película de Werner Herzog, La caverna de los sueños que también utilizaba esta tecnología, no termina de funcionar. Las pinturas rupestres, por más hermosas que sean, son bidimensionales. Por supuesto, es fascinante verlas de cerca, pero fuera de eso el 3D no puede hacer mucho por ellas. En cambio Wenders lo usa para explorar las relaciones espaciales y destrabar las coreografías. La máxima “Nada más aburrido que el teatro filmado” pierde, por fin, su razón de ser.

Cuando un bailarín se te acerca en la oscuridad y luego se detiene para flotar en el aire, tus ojos se salen de las órbitas. Te encontrás entrando y saliendo del trance. Wenders lleva la cámara sobre el escenario para que los bailarines interactúen con el lente como si la tecnología fuera una performer más y no un intruso. ¡Solo pensar lo que hubiera hecho Fred Astaire con un chiche así! Martha Graham decía que los artistas eran acróbatas de dios y aun así sorprende ver con qué certeza en las coreografías de Bausch los bailarines se lanzan unos sobre los otros, se tiran al vacío, dándole un sentido nuevo a la noción de “salto de fe”. Son coreografías de una intensidad emocional cruda, extenuante. El escenario está cubierto de tierra, de agua, de sillas o mesas. Sobrevuela un aire ritual. Pero lo que subyace en toda su obra es la pregunta: ¿Qué anhelas? ¿De dónde viene todo ese deseo? Nos pasamos la vida anhelando y luego, antes de morir, anhelamos entender nuestra vida y nuestra muerte.

 En los pocos momentos en los que, a partir de material de archivo, se la ve bailar, Bausch es hipnótica. Mueve los brazos como si fueran serpientes, camina por el escenario como si hubiera resucitado entre los muertos. Pero así como confiaba en su cuerpo, parecía recelosa de las palabras. Las direcciones que daba a sus bailarines eran famosas por lo crípticas, acertijos de una esfinge. El lenguaje corporal era lo único que importaba y, en los pocos momentos en los que habló, dijo cosas como: “Hay situaciones que te dejan sin palabras... ahí es dónde entra la danza”. Fiel a su amiga, Wenders no hace concesiones a una biografía convencional. El foco es la obra y sólo algunos comentarios aislados sugieren la personalidad elusiva de Bausch: “Sigan buscando”, dicen que dijo. Insistía en que su trabajo debía hablar por ella. De no haber muerto, habría sido una figura lejana en el documental, no muy distinta de su interpretación de la Princesa Lheremia en Y la nave va de Fellini, aquella mística que podía ver colores en la música. No hay pistas de cómo se armó todo.

No hay ensayos, ni nada que muestre a Bausch como directora. Sólo un par de comentarios que la evocan como un ser inalcanzable y un poco cruel también, como lo era la otra gran dama de las artes que cosechó fanáticos, Louise Bourgeoise. Cuenta una bailarina: “Después de meses de ensayo se me acercó y dijo: Tenés que volverte más loca. Eso fue todo lo que me dijo en los veinte años que estuve en la compañía”. Esto se escucha como voz en off sobre planos cortos en donde los bailarines miran a cámara sin hablar. En ningún momento abren la boca porque ellos comunican a través de la danza. Es una idea linda pero aun así es la parte más desabrida. Una y otra vez escuchamos sobre “la fuerza y la fragilidad” de Pina y después de un rato esto comienza a perder sentido. Todo lo que necesitamos saber se expresa mejor en movimiento.

 Así como fue aplaudida, Bausch fue también duramente criticada. Su detractora principal, la crítica de danza de The New Yorker, Arlene Croce, la declaró culpable de producir “un arte que se victimiza” y una “pornografía del dolor”. Pero Bausch no es sádica y lo más admirable de su trabajo es su capacidad de sumergirnos en el misterio. Puede arrojar una duda sobre la cotidianidad más ínfima. El tema subyacente es la soledad, la violencia y la imposibilidad de encontrar la redención. Es como ver la psiquis traumatizada de Europa hecha carne. Lo que resulta perturbador, lo que nos permite considerar sus coreografías hermosas, no es la culpa sino la indiferencia que dejan ver. Los bailarines vagan por el escenario perdidos en Café Müller, sus cuerpos largos y crispados recuerdan las esculturas de Giacometti, no saben lo que les ha sucedido y es en su ignorancia donde reside su patetismo. Junto a Francis Bacon, Bausch habló sobre el dolor como ningún otro artista del siglo XX. Sin cuestionar, sin desenmarañar, sino aceptando que lo peor ya ha sucedido. Wenders y Bausch, dos faros luminosos en la Alemania occidental de los años ‘70, venían conversando desde hace tiempo sobre la idea de filmar algo juntos.

Durante veinte años fueron y vinieron con ideas pero el proyecto no se concretaba. Wenders parecía no encontrarle la vuelta, tenía dudas sobre cómo hacerle justicia a la intensidad del estilo Bausch. “¿Lo hacemos ahora?”, preguntaba Pina y Wenders contestaba: “Lo haría, pero aún no sé cómo”. Hasta que llegó el siglo XXI, con los nuevos adelantos en tecnología 3D y entonces el director comprendió que era el momento. Estaban a punto de empezar el rodaje cuando Pina murió, cinco días después de haber sido diagnosticada con un cáncer. Sin ella, Wenders decidió desechar todo, pero los bailarines tenía otra idea, al fin y al cabo, las coreografías estaban listas y había suficiente material para ponerse a trabajar. “Bailemos, bailemos, de lo contrario estamos perdidos”, las palabras de Bausch resonaban en sus cabezas. Ahora, verlos bailar sin su maestra baña de una cualidad trágica a la película. Parecen niños grandes que han perdido a su madre, apóstoles de un movimiento espiritual cuyo líder se ha sacrificado por un fin mayor.

 El resultado es virtuoso: sin sentir que un bailarín se nos va a caer encima podemos experimentar la profundidad física del espacio y su gravedad. En tiempos en que Hollywood se está quedando sin gas para su 3D, Wenders demuestra que la tercera dimensión puede ser mucho más que el glaceado sobre la torta. Por eso, optar por la alternativa de ver Pina en 2D en el living de sus casas no es perderse un detalle, es perderse el punto fundamental.

 Fuente: María Gainza. Salón Kritic.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Lo contrario al amor





Lo contrario al amor está protagonizada por Hugo Silva, Álex Barahona, Adriana Ugarte, Rubén Sanz, Luis Callejo, Kiti Manver y Guadalupe Lancho. Este reparto se demuestra elegido con acierto, ya que cada uno de los intérpretes encarna sus personajes como si hiciesen de sí mismos, sin aparentar esfuerzo por interpretar y transmitiendo gran naturalidad. Esta buena dirección de actores, unida a diálogos realistas, concisos y pertinentes, hacen que sea muy fácil entrar en las escenas y dejarse llevar por el fluir de las situaciones. Una realización entre correcta y pasable, con algunas bonitas localizaciones de Madrid, le confieren un aspecto digno que sitúa la película en una categoría de aparente calidad.

El punto de partida pudiera ser el sueño de cualquier mujer: sexo con tres bomberos. Puede ser un tópico, como la atracción por los uniformes, pero encuentro que es uno de los morbos que más están perdurando y que más internacionalmente puede encontrar consenso.

Sin embargo, como sucede con muchos otros aspectos de la película, este tema tan interesante de partida, se aprovecha poco y se abandona en seguida para dar paso a situaciones más manidas y formularias. Vicente Villanueva, famoso por algunos de sus cortometrajes, como Mariquita con perro, Heterosexuales y casados, La rubia de Pinos Puente…, se muestra aquí ducho en las ideas brillantes de corto alcance, pero no parece tan experto en los desarrollos maratonianos que requiere un largometraje. 
Las dos subtramas, tanto la de los bomberos aficionados a determinado tipo de porno, como la de la ex-cantante famosa que se arrastra por los programas de televisión basura, son más originales e interesantes que la trama principal y, a partir de cierto momento, son las únicas capaces de ofrecer humor. Sin embargo, se las relega considerablemente en montaje, hasta el punto de que la de los hombres queda casi sin resolver, no sé si por cobardía ante acercarse plenamente a ese tema o si por desidia.

El autor parece demasiado interesado en utilizar la película para ofrecer una observación sobre el amor. Lo que viene a decir el título es que controlar y mangonear a la pareja es “lo contrario al amor”. El personaje de Hugo Silva, que encarna esta noción, se pasará el tiempo diciendo que no quiere que las mujeres lo cambien y que quiere que lo acepten tal y como es. Me parece perfecta la aspiración ante las posibles ataduras de una relación.

Lo que da la sensación de que se le ha escapado al director y guionista o que quizá se le escapa al personaje es que este hombre, para conseguir que ella no lo cambie a él, está cambiándola a ella por completo. Y no me refiero únicamente a que la protagonista no tarda ni un día en aceptar beber y comer carne, aunque fuese en contra de sus principios, sino a que, si en su personalidad está ser posesiva o tener el control, abandonar estos rasgos no puede resultar tan fácil y, si bien es algo que él tiene derecho a pedirle, debería entender mejor lo que a ella le cuesta superarlo. 

No es una cuestión de ponerse del lado de uno o del otro por parte de la que suscribe, ya que a pesar de lo dicho, el personaje de él me parece más entero y verdadero y al de ella lo veo a medio definir y, por lo tanto, no me cae nada bien. Lo que sí entiendo es que el creador de la película ha optado por uno de los bandos con claridad y en una comedia romántica se me antoja imprescindible estar del lado de los dos, ya que al final, los dos van a ser uno, y plantear en ambos personajes sus equivocaciones iniciales para luego hacer que ambos converjan con igual dosis de rectificación en un pensamiento más o menos similar.

En definitiva, diría que Lo contrario al amores una comedia que se puede ver sin demasiado problema porque conseguirá arrancar unas cuantas carcajadas –casi todas al inicio del metraje y el resto en el desarrollo de las dos tramas secundarias—. La cuestión romántica no es que resulte carente de química, que suele ser lo primero que se achaca cuando un producto del género falla, sino que ves que se podría haber dado por buena desde el principio y en cualquier momento en el que el autor lo desease. Solo se dilata porque lo pide la duración comercial de las bobinas. Con esa falta de conflicto o de objetivo al que anteponer un conflicto, la emoción y la intriga desaparecen. No obstante, en apariencia, todo puede dar la sensación de que está ahí y funciona, pues lo endémico sí se ha introducido, es decir, los giros sí se han colocado en los instantes necesarios. Así, quien se vaya dejando arrastrar por la historia, sí sentirá que la relación pasa por los estadios necesarios y se contagiará de una pequeña dosis de la emoción necesaria para pensar que una comedia romántica ha valido la pena.

Fuente: Blog de cine

martes, 5 de abril de 2011

Two lovers... o el arte de renunciar a uno mismo


En Vértigo (1958), Alfred Hitchcock retrató como pocos el vértigo provocado por el amor-pasión, atrapado en la imagen idealizada de una mujer que también es su némesis. No es casual que las dos amantes del título de esta magnífica película, dirigida por James Grey, sean rubia y morena, como la Judy/Madeleine que obsesiona a Scottie en la obra maestra de Hitchcock. Representan, por un lado, los arquetipos de la mujer hogareña y la femme fatale que Hollywood ha patentado a lo largo de su fecunda historia. Y, por otro, encarnan el deseo bipolar de un suicida también bipolar (Joaquin Phoenix), que se debate entre hundirse en la más absoluta de las miserias con una seductora medusa (magnífica Gwyneth Paltrow), a la que puede ver a través de su ventana (otro guiño hitchcockiano), pero no poseer de verdad, o con una chica bien, educada y agradable (Vinessa Shaw), que sus padres le han brindado en bandeja de plata.

La última película de James Gray tiene en común con sus títulos mafiosos la necesidad de hablar de la familia como aparato represivo, pero también como último y definitivo refugio, aunque lo que la hace tan especial es su elegante y pesimista acercamiento al amor entendido no solo como el arte de renunciar a uno mismo sino de depender de esa renuncia.

Sencilla y sincera, la historia de Two Lovers se nos presenta como un producto muy emotivo y de gran calidad interpretativa que a mí, particularmente, me dio mucho en lo que pensar...

(Fuente: Sergi Sánchez, Fotogramas)



martes, 15 de febrero de 2011

Muestra Internacional de Cine y Patrimonio 2011


La Filmoteca Regional Francisco Rabal de Murcia y la CAM organizan, entre el 21 y el 25 de febrero, la Muestra Internacional de Cine y Patrimonio, que tiene como fin adelantar los contenidos que acogerá la segunda edición del festival.

Aquí os dejo el programa:

Lunes 21 de febrero
18.30h. Los sabios de Córdoba: Averroes y Maimónides en su tiempo y en el nuestro

Co-producción internacional, este largometraje documental navega entre el género histórico, la historia, la política, la religión y el mundo de las ideas para mostrarnos el«
choque de civilizaciones» que parece caracterizar al mundo actual, y donde la religión sirve de justificación para guerras y atentados terroristas. El director Jacob Bender sigue la pista de dos personajes de Al-Andalus: Averroes y Maimónides que cristalizan, con sus vidas y sus obras, el espíritu de convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos en aquella mítica España medieval. Para averiguar si ese espíritu es aplicable al presente, Bender emprende un viaje desde su ciudad, la Nueva York herida por el 11-S, que le lleva a Andalucía, Marruecos, París, Venecia, Egipto, Palestina e Israel, encontrándose con quienes hoy se sirven de la experiencia de aquellos dos sabios de Córdoba en pos de la conciliación entre razón y revelación.




20.15 h. Exit through the gift shop

Primera película documental del graffitero británico Banksy, nominada a los Óscar 2011 y que, por primera vez, podremos ver en Murcia. Su título hace referencia a la salida de las exposiciones hacia la tienda de regalos. Está basada en la obsesión del excéntrico vendedor de ropa T. Guetta por filmarlo todo, sin ningún tipo de guión ni prejuicios, hasta que entra en contacto con los principales representantes del arte callejero contemporáneo y, tras iniciar un reportaje sobre Banksy, decide convertirse en un artista. A lo largo del film Banksy llama a la reflexión, al considerar bastante gracioso que un arte concebido para el disfrute de los transeúntes acabe siendo considerado un símbolo de estatus social entre los coleccionistas. Exit through the gift shop es un (¿falso?) documental curioso, reflexivo, crítico y emocionante, que nos acerca a los creadores y a su forma de entender el mundo.




Martes, 22 de febrero
18.30 h. ¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster?


¿Cuánto pesa su edificio señor Foster? es un documental que narra la trayectoria vital de uno de los arquitectos más emblemáticos del siglo XXI y su inquebrantable pasión por mejorar la calidad de vida a través del diseño. Recoge los orígenes de Norman Foster y cómo sus sueños e influencias inspiraron la creación de edificios como el aeropuerto de Pekín (el más grande del mundo), el Reichstag alemán, el edificio Hearst de Nueva York y construcciones como el puente más alto del planeta, el viaducto Millau, en Francia, entre otros.
Escrito por Deyan Sudjic, director del Museo del Diseño de Londres, y producido por su esposa Elena Ochoa, el documental lleva por título la pregunta que el mentor de Foster,
Buckminster Fuller, le hizo una vez y que estaba ligada a la obligación moral de sostenibilidad que debe guiar la arquitectura.




20.15 h. Rubens. El espectáculo de la vida

Rubens. El espectáculo de la vida es una biografía del pintor, dirigida por Miguel Angel Trujillo, que lo intenta situar en un contexto artístico más amplio, al incluir intervenciones de personalidades ajenas a la historia del arte, como Israel Galván, coreógrafo y bailaor y Premio Nacional de Danza 2005, o la diseñadora de vestuario británica afincada en España Yvonne Blake, Óscar al mejor diseño de vestuario en 1971 y ganadora de cuatro premios Goya, que transmiten la pasión por sus respectivas profesiones al igual que Rubens por su arte. El baile de Galván sirve para darnos cuenta de que el cuerpo humano es el principal instrumento del pintor, mientras que Yvonne Blake se ha inspirado en cuadros de Rubens para realizar el vestuario de algunas películas. Junto a ellos, otras personalidades como el escultor Juan Bordes o el ensayista y filósofo Javier Gomá, contribuyen a valorar la figura de Rubens y hacerla más cercana al público contemporáneo.




Miércoles, 23 de febrero
18.30 h. Jean Painlevé: fantasía para un biólogo marino/Mosaici di Piazza Armerina

Jean Painlevé.- Padre fundador del cine científico y naturalista, Jean Painlevé realizó unas doscientas películas. Desde sus primeros ensayos, aporta la revelación mágica de un mundo desconocido y misterioso, el de la vida submarina hasta entonces inexplorada. Más allá del interés científico de sus realizaciones, la calidad estética da por resultado una atinada síntesis entre ciencia y arte. Este magnífico documental hace justicia a su extraordinaria contribucción artística.

Mosaico di Piazza Armerina.- Una revisitación del famoso ciclo de mosaicos tardo romanos de la Villa Imperial del Casale de Plaza Armerina en Sicilia (hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO), al hilo de la homónima composición para piano y orquesta de cuerda de Carlos Florindo Semini (1914-2004). Un documental de arte realizado tan solo con música e imágenes que seduce de forma rotunda la sensibilidad visual y auditiva del espectador.


20.15 h. Hotel Formentor

En los felices años veinte, Adán Diehl (1889-1953), soñador y mecenas argentino con casa en París, descubre Formentor. La belleza del lugar cautivará al millonario. Tenía que ser una casa para albergar a sus numerosos amigos, artistas y poetas, pero se convertirá en el Hotel Formentor. Inaugurado en 1929, sólo con el listado de algunos de sus visitantes bastaría para testimoniar su hospitalidad: Churchill, el Dalai Lama, Vicente Alexaindre, Octavio Paz, Charlie Chaplin, Audrey Hepburn, Gary Cooper, Peter Ustinov, Fernando Rey, Carlos Fuentes... Pero Formentor es mucho más que paisaje y hotel. En 1959 se realizaron las «Conversas poéticas» organizadas por C. J. Cela y en 1960 se creaba el Premio Formentor de novela, el mejor dotado del mundo: 10.000 dólares... Han pasado ochenta años y el hotel Formentor es indispensable para entender la Mallorca actual y la de los primeros viajeros.


Jueves, 24 de febrero
18.30 h. La emoción del natural. Vida y obra de Joaquín Sorolla

Joaquín Sorolla fue el pintor español de mayor proyección internacional de su tiempo y una de las figuras capitales de la historia del arte español. La película recorre la vida y obra de este artista con motivo de la exposición antológica celebrada en el Museo del Prado, entre mayo y septiembre de 2009, la más importante celebrada tanto dentro como fuera de España. Un documental perfecto para comprender el arte de Sorolla, plenamente ligado al tiempo que le tocó vivir.





20.15 h. Año nuevo en Poznan

Año nuevo en Poznan nace a raíz del último disco de Carlos Piñana -músico, compositor murciano de música flamenca, solista de guitarra- y sus visitas a Polonia. En sus últimos viajes nació la idea, la inquietud de fusionar el flamenco con la música de una pequeña orquesta de cámara de cuerdas, esto ha supuesto todo un reto para nuestro protagonista, principalmente por la formación clásica de Carlos que, al contrario de cualquier otro guitarrista flamenco, no domina. Pero desde un principio, y a pesar de las iniciales dudas, el proyecto le apasiona, y no duda en emprender su aventura musical transformándose en todo un reto a superar. La fama que tienen las cuerdas en un país con tradición cultural de música clásica, le despierta las ansias de mezclar sus composiciones flamencas con esta música.




Viernes, 25 de febrero
18.30 h. Balenciaga: permanecer en lo efímero

Balenciaga: permanecer en lo efímero es un bellísimo documental sobre el gran arquitecto de la moda. Recoge la biografía personal y profesional de un modisto que «transformó la moda y liberó a la mujer de sus ataduras». Construyó un sistema de proporciones perfectas alrededor del cuerpo femenino, creando ese espacio vacío que, como él mismo explicaba, separa el cuerpo del vestido. Con estas premisas estableció las bases de la modernidad en la moda y se convirtió en un referente tanto para sus contemporáneos como para sus sucesores.



20.15 h. Al otro lado del mar

Al otro lado del mar, último trabajo de Gonzalo Ballester, se centra en el mundo de los trovos y está rodado tanto en España como en diversos países latinoamericanos.


Lugar:
Aula de Cultura de la CAM
C/ Salzillo, 7 - 30.001 Murcia

martes, 21 de septiembre de 2010

Eddie Redmayne: el Renoir del cine británico

Hacía algún tiempo que quería empezar una sección sobre los actores y actrices que más me gustan. Sin embargo, no me terminaba de decidir... hasta que hace unos días terminé de ver la adaptación televisiva de Los pilares de la tierra y la admiración que me despertó la mayor parte de su reparto me ha llevado a decidirme y sentarme delante del ordenador para empezar esta nueva sección.

Vaya por delante que considero el reparto de la adaptación del best seller de Kent Follet de lo más acertado. En él podemos ver a actores de la talla de Donald Sutherland (como Bartholomew, conde de Shiring) o Ian McShane (como el cardenal Waleran), pero en este primer post de la sección me quiero detener en un actor que lleva llamándome la atención desde hace algún tiempo: Eddie Redmayne, que encarna a uno de los protas del libro, el escultor Jack Jackson.



Dice la IMBD que nació en Londres, un 6 de enero de 1982, que asistió al Eton Collage y que, posteriormente, estudio Historia del Arte en el Trinity Collage de Cambridge... Un English Gentleman de los pies a la cabeza, vamos... Empieza bien la cosa. Dice la prensa amarilla, sin embargo, que forma parte de lo que se empieza a llamar el brit pack, un grupo de jóvenes actores, todos ellos amigos de farra, capitaneado por Robert Pattinson, que están dando mucho que hablar... Se estropea la cosa... Y se estropea porque ya le gustaría al chico-vampiro tener la mitad de talento que ha demostrado poseer su amigo Eddie Redmayne y una asociación así le perjudica, a mi parecer, más que le beneficia, si eso supone que se le relacione más con el aborrecido fenómeno Twilight (resulta que no hace mucho rodó una pelí, The Yellow Handkerchief, con la lángida y sosa Kristen Stewart, la chica-humana de la saga, y cerramos así el círculo) que con sus extraordinarias dotes como actor, para convertirse en pasto de paparazzis (es penoso ver cómo en la rueda de prensa de presentación de la cinta en cuestión que co-protagoniza con la Stewart, las preguntas giraran siempre en torno a hasta-en-la-sopa-Robert-Pattinson).

Sigue la IMBD: Eddie Redmayne comenzó su carrera en el National Youth Music Theatre de Londres y realizó su debut profesional, como no podía ser de otro modo, con la obra de Shakespeare Twelfth Night, en 2002. Dos años más tarde, gana los premios al mejor actor revelación en los Evening Standard Theatre Awards y en los Critics' Circle Theatre Awards, por su interpretación de Edward Albee en The Goat, or Who is Sylvia?. En 2008, se subió de nuevo a los escenarios para participar en la obra Now or Later, en el Royal Court Theatre de Londres y, un año más tarde, en la obra Red, con la que ganó el premio Lawrence Olivier al mejor actor secundario. En 2010, con esta misma obra teatral de John Logan, ha hecho su debut en Broadway y ha ganado el Tony al mejor actor dramático... Se termina, rotundamente, de arreglar la cosa...

Y va a más: sólo hay que ver cómo llama la atención sus pequeñas apariciones en El Buen Pastor (donde impresionó hasta a De Niro), Elisabeth, la Edad de Oro o Las hermanas Bolena; cómo ha clavado -para quienes nos hemos leído el libro y esperábamos expectantes el resultado- el personaje de Jack Jackson en Los Pilares de la Tierra o lo desagarrada que resulta su interpretación de Antony Baekeland en Savage Grace... Y si es que hay que colocarlo en algún grupo, yo lo haría en otro brit pack, el capitaneado por Michael Sheen, seguido de cerca por James Mcavoy... actores de raza, actores capaces de transmitir mil sensaciones con un sólo gesto o con una mirada, dibujando unas interpretaciones llenas de sensibilidad y matices... Y es que al ver la manera de actuar de Eddie Readmayne, se me vino a la cabeza una pintura de Renoir: pequeñas y situles machas de color que, vistas en su conjunto, nos muestran a una mujer vestida de blanco, atravesando un prado...



Para saber más:
Eddie en IMBD
Eddie Redmayne: The Unconventional Actor

lunes, 30 de agosto de 2010

La vida

«Ya perdoné errores casi imperdonables, traté de sustituir personas insustituibles y olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso, ya me decepcioné con personas cuando nunca pensé decepcionarme, mas también decepcioné a alguien.
Ya abracé para proteger, ya me reí cuando no podía, ya hice amigos eternos, ya amé y fui amado, pero también fui rechazado. Ya fui amado y no supe amar.
Ya grité y salté de tanta felicidad, ya viví de amor e hice juramentos eternos, pero también “rompí la cara” muchas veces.
Ya lloré escuchando música y viendo fotos, ya llamé solo para escuchar una voz, ya me enamoré por una sonrisa, ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia, y tuve miedo de perder a alguien especial (y terminé perdiéndolo) ¡pero sobreviví! ¡Y todavía vivo!
No paso por la vida… y tú tampoco deberías pasar… ¡Vive!
Bueno es ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivir con pasión, perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante».

Charles Chaplin

De cine... y otros recuerdos infantiles

«Estaba asustada. Realmente asustada. No había sido una buena idea ir de safari a África y, muchos menos, separarme del campamento. Los extraños sonidos de la selva hicieron que me aterrorizara aún más y, por instinto, salí corriendo. Tropecé con algo que sobresalía del suelo y me caí... y, de pronto, detrás de mí, eschuché el rugido de un león... Grité, grité con todas mis fuerzas pero mis gritos, de repente, quedaron ahogados por el sonido seco de un disparo... De entre la maleza, apareció él...».

Así empezaba la historia que nuestra abuela nos contaba justo antes de dormir, una historia en la que rememoraba cómo había conocido a mi abuelo. Ambos procedían de Cartagena y, al acabar la guerra, se habían instalado en Murcia, donde mi abuelo había abierto un pequeño negocio dedicado a la distribución de películas de la Universal. La oficina estaba situada en la calle San Lorenzo, en un edificio en el que también se encontraba la vivienda familiar. Mi padre cuenta cómo, los domingos, mi abuelo solía reunir a toda la familia en el salón y proyectaba, en una de las grandes paredes blancas de la habitación, las últimas novedades del Hollywood del momento.

Esta afición la heredó mi padre y recuerdo, de pequeñita, cómo en el salón de mi casa quitábamos los Kamarrupas de Vicente Ros de la pared y, mientras nosotras nos arrovillábamos junto a mi madre en un enorme puff blanco, mi padre se peleaba con las bobinas de un enorme proyector y, no sólo veíamos películas, sino también las imágenes que él había captado de nosotras con su Super 8... Y así por la pared del salón de mi casa pasaron el nacimiento de mis hermanas, sus primeros pasos, la primera nevada en Murcia, la crecida del río cada septiembre, el primer bando de la huerta, la primera Semana Santa, los bailes de fin de curso, las comidas familiares... pero también Rita, Marilyn, Audrey, Ava, Elisabeth, Katherine, Grace, Vivianne, Marlon, James, Clarke, Gene, Fred, Chaplin, Buster...

La sesión empezaba con dos gritos de guerra antagónicos: si la película en cuestión era de la Universal, todos gritábamos al unísono «¡¡¡Bien!!!», mientras que si aparecía el León de la Metro, las letras de la Paramount o la United, se debía escuchar un fuerte «¡¡¡puff, la competencia!!!».

Tan naturales y familiares eran para mi todos esos rostros en blanco y negro que, ya en el instituto, mientras mis amigas decoraban sus primeras carpetas con fotografías de los cantantes y actores más conocidos del momento, yo lo hice con los recortes de las estrellas del pasado... carpeta que se hizo inseparable y que me acompañó hasta el final de la carrera... y que aún hoy guarda celosamente mis apuntes de museología.

De todas las películas que pude ver de niña hubo una que realmente me impactó. Fue Mogambo, no sólo porque Ava Gadner está magistral en su interpretación de Honey Beer Kelly, sino por una escena en particular en la que Linda Nordley (Grace Kelly) es salvada por Victor Marswell (Clark Gable) de convertirse en el festín de una enorme pantera negra. La vimos, como no, en el salón de casa, aunque esta vez en la pantalla del televisor. Cuando terminó, le pregunté a mi padre. «Oye... esto... ¿tú sabes como se conocieron los abuelitos...?». «Sí, claro», me respondió él con una sonrisa de oreja a oreja. «Lo han contado mil millones de veces. En un safari por África. El abuelo salvó a la abuela de un león...».